Dime a qué debes el éxito y te diré cómo eres.

Los logros pueden llegar gracias a elementos internos, que dependen de nuestras habilidades y esfuerzo; o externos, que se deben a factores ajenos

Vivimos el momento idóneo para reinventarnos. La situación nos invita a pensar en el origen del éxito. O más bien, a reflexionar de dónde creemos que viene. Nuestra mente funciona con el piloto automático puesto. Está llena de pensamientos inconscientes que nos hacen interpretar la realidad y ejecutar las acciones de una manera irreflexiva y automática. Sin embargo, nuestro cerebro también se equivoca. Podemos caer en el riesgo de estar atrapados en pensamientos que no nos ayudan en momentos difíciles o de cambio como los actuales. En la medida que identifiquemos la forma en que pensamos podemos fortalecer nuestra mente para tener éxito en los desafíos a los que nos vamos a enfrentar.

Bernard Weiner, profesor de la Universidad de Los Ángeles, en California (EE UU), es uno de los autores clásicos en la psicología social. Weiner y sus colegas analizaron en los años setenta qué atribuciones hacíamos al logro que conseguíamos o que alcanzaban otros. Identificaron tres dimensiones. La primera es el locus de control o cuál es el origen del éxito. Este puede ser interno, depender de nosotros, de nuestras habilidades, de nuestro esfuerzo. O por el contrario, puede ser externo y deberse a factores ajenos como la suerte, el jefe o un tercero. Una segunda dimensión es el grado de estabilidad que tiene el éxito, es decir, si pensamos que el logro es algo que se deba a cuestiones estables (porque es algo innato en nosotros) o inestables (motivado por la suerte o el esfuerzo puntual). Weiner añadió una tercera dimensión sobre el nivel de control que podemos ejercer. Se trataría de la capacidad de cambiar las causas que producen determinadas acciones, que pueden deberse a su vez a factores controlables o a otros incontrolables.

Si tomamos en cuenta las dos primeras dimensiones planteadas por el profesor podemos advertir que existen cuatro maneras de pensar sobre el origen del éxito y su estabilidad en el tiempo. Veámoslas para reconocer dónde estamos y cómo las proyectamos de manera inconsciente. Según Wiener, podemos creer que el éxito depende:

– De las habilidades personales. Puedo conseguir un proyecto o un trabajo gracias a mi talento o mis habilidades. Esta manera de pensar es positiva porque no echamos balones fuera. Asumimos nuestra responsabilidad. Sin embargo, si uno cree que no tiene la suficiente inteligencia o si considera que las habilidades son solo innatas, es posible que esta creencia pueda llegar a dañarnos, como demostraron algunos estudios posteriores.

Del esfuerzo. Al igual que en el caso anterior, el éxito depende de uno mismo. Sin embargo, este logro no es estable. Puede que un día lo alcance y otro no. Por ello, hay que esforzarse. Personalmente, considero que es la manera más sana de concebir el logro, porque pone énfasis en el potencial de la formación y del desarrollo personal y profesional para conseguir nuestras metas. Esta alternativa sería la llamada mentalidad de crecimiento que defendieron diferentes autores en sus investigaciones.

– De la dificultad de la tarea. Si tengo éxito o no depende de lo fácil o difícil que sea el trabajo, no de mis habilidades o del esfuerzo que haya dedicado. Esta forma de pensar atribuye el logro a un locus de control externo, es decir, en el que uno mismo no tiene incidencia. Tiene consecuencias dañinas, ya que la persona que piensa así queda a merced de las circunstancias, sea el jefe, el profesor o quien defina los estándares. Desde esta creencia se cae en la queja: “Como no depende de mí, pues me quejo de lo que me sucede o critico al que tiene éxito”.

– De la suerte. El logro tiene un origen externo. En este caso, como en el apartado anterior, es algo intermitente o inestable, ya que depende de la fortuna que uno tenga. No parece tampoco que sea la manera más adecuada para afrontar el éxito futuro porque se está a merced de algo tan resbaladizo como la suerte, tener un buen día o estar inspirado.

Si queremos reinventarnos a nivel profesional, o queremos tener más éxito en lo que hacemos, debemos reflexionar sobre nuestra manera de pensar. Evaluar si ponemos el locus de control interno o externo y si consideramos que el éxito es estable o no. Solo así podemos entrenar nuestra mente para alcanzar la meta.

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